Nos encontramos atravesando la segunda década del siglo XXI y sin embargo la sexualidad humana sigue siendo un tema controversial, tapado y tabú.
Si nos remontamos a los comienzos del cristianismo podemos ver cómo la Iglesia marcó los preceptos de una actividad en la que el clero no debería tener ni un solo conocimiento: las relaciones sexuales de las personas.
Se prohibía el acto sexual en la vigilia de las fiestas de guardar, los jueves en memoria de la última Cena; los viernes en recuerdo de la Crucifixión, los sábados en honor a la Santísima Virgen y los domingos en memoria de la resurrección de Cristo. Solo se podía copular los lunes, martes y miércoles que no cayeran en Cuaresma. No contentos con tanta exhibición de poder, dos siglos después el emperador Carlo Magno prohibió los lunes, en honor a los Santos Difuntos y extendió dicha prohibición a 50 días después de la Pascua hasta la fiesta de Pentecostés y 40 días antes de la Navidad.
De igual manera, el sexo estaba prohibido tres días antes de la recepción de los sacramentos, durante la Cuaresma y el Adviento, en los días festivos, durante la menstruación, el embarazo y la crianza y, para terminar, también estaba prohibido después de la menopausia.
Después de este breve recorrido por las "comprensivas" posturas religiosas sobre la sexualidad, nos queda preguntarnos, interiormente, si ese derecho que se arrostraron los "jefes espirituales" realmente tenía una "orden del de más arriba" o simplemente fue el fruto del capricho enfermizo de personas que no pudieron entender el verdadero mensaje de la naturaleza humana.
¿Deberemos esperar a que pasen otros dos mil años para animarnos a sentir sin temer un castigo? ¿Seguiremos siendo "niños" en materia sexual, esperando que nos autoricen a sentir?
Lejos quedó la Edad Media y la quema de brujas, pero sin embargo aún humean algunas hogueras cada vez que se toca el tema de la sexualidad, del goce sensual y del placer.
¿Y ustedes que piensan sobre este artículo?
Si nos remontamos a los comienzos del cristianismo podemos ver cómo la Iglesia marcó los preceptos de una actividad en la que el clero no debería tener ni un solo conocimiento: las relaciones sexuales de las personas.
Se prohibía el acto sexual en la vigilia de las fiestas de guardar, los jueves en memoria de la última Cena; los viernes en recuerdo de la Crucifixión, los sábados en honor a la Santísima Virgen y los domingos en memoria de la resurrección de Cristo. Solo se podía copular los lunes, martes y miércoles que no cayeran en Cuaresma. No contentos con tanta exhibición de poder, dos siglos después el emperador Carlo Magno prohibió los lunes, en honor a los Santos Difuntos y extendió dicha prohibición a 50 días después de la Pascua hasta la fiesta de Pentecostés y 40 días antes de la Navidad.
De igual manera, el sexo estaba prohibido tres días antes de la recepción de los sacramentos, durante la Cuaresma y el Adviento, en los días festivos, durante la menstruación, el embarazo y la crianza y, para terminar, también estaba prohibido después de la menopausia.
Después de este breve recorrido por las "comprensivas" posturas religiosas sobre la sexualidad, nos queda preguntarnos, interiormente, si ese derecho que se arrostraron los "jefes espirituales" realmente tenía una "orden del de más arriba" o simplemente fue el fruto del capricho enfermizo de personas que no pudieron entender el verdadero mensaje de la naturaleza humana.
¿Deberemos esperar a que pasen otros dos mil años para animarnos a sentir sin temer un castigo? ¿Seguiremos siendo "niños" en materia sexual, esperando que nos autoricen a sentir?
Lejos quedó la Edad Media y la quema de brujas, pero sin embargo aún humean algunas hogueras cada vez que se toca el tema de la sexualidad, del goce sensual y del placer.
¿Y ustedes que piensan sobre este artículo?
*Fuente: http://

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