Para que nuestro deseo siga vivo necesitamos mucho de novedad,
misterio e imposibilidad y, claro, cuando una pareja comparte las sombras de
la vida cotidiana -léase, pelos en la ducha, la basura que sacar, una
gastroenteritis-, no resulta fácil. Así, pues, un año, a lo sumo dos, es el
tiempo que solemos tardar en pasar de la pasión sexual a la rutina, al más
de lo mismo, al hoy no tengo ganas o algo peor.
Es lógico
vivir etapas de menos apetencia (estrés, posparto, bache emocional…), pero no
que la norma sea cama igual a dormir y conformarnos, ¿a la espera de un
milagro? La pasión en parejas de largo recorrido no es un regalo: hay que
ganársela y si deseamos retomar el vuelo, hemos de






