Nunca pasa desapercibido. Cuando Alonso Murillo
Hinojosa se abre camino por los gélidos pasillos de la Universidad
Iberoamericana en la Ciudad de México provoca que hasta los ladrillos rojos
de las paredes retiemblen en su centro. En los 70 años que tiene de historia
esta institución que pertenece al Sistema Educativo Jesuita (SUJ) –fundado por
la Compañía de Jesús– nunca se había visto a uno de sus estudiantes enfundado
en unos jeans ajustados, camisa de vestir, barba larga, chongo en el pelo y con
un par de zapatos de tacón.
Así lo ha hecho Alonso Murillo desde hace cuatro
años, lo que ha provocado distintas reacciones: desde hombres que fruncen el
ceño ante una imagen nunca antes vista y profesores que se quedan sin habla,
hasta mujeres que le aplauden por el dominio de la técnica y seguridad al
caminar en taconazos.
El alumno de octavo semestre de la carrera de
Diseño Textil ha corrido con suerte. Nunca nadie le ha impedido la entrada
al campus, nunca ha sido agredido. Tampoco ningún sacerdote jesuita ha
levantado un crucifijo ante sí para intentar exorcizarlo.
Aún así, no ha sido fácil para Murillo. El joven de
23 años y 1.63 metros de estatura ha tenido que “evangelizar” en su
entorno y dejar claro que el uso de los zapatos altos no responde a querer
transformarse en mujer, ni al travestismo, ni al


